¡Hola, amigos y amigas!
Todos nos hacemos viejos, y éste, mi querido blog, también. Qué le vamos a hacer, pero ha sido sustituido por una súper web molonguinchi...
Siempre podréis leer mis excéntricas historias aquí (las antiguas) y las nuevas en albacorpas.com.
That's all, folks!
Siempre vuestra,
miércoles, 6 de mayo de 2015
sábado, 21 de febrero de 2015
Difundamos literatura | Sorteo de 'In vino veritas', de Virginia Gasull
¡Buenos días, chicos!
Hoy quiero hacer una entrada diferente a lo que estáis acostumbrada de una rubia neurótica como yo, y éste es el publicar el sorteo que mis queridos Pedro y Teresa, padre e hija, han hecho en sendos blogs de reseñas de libros, con gran éxito, por cierto.
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Pues eso, como me he animado a participar en algunos sorteos de vez en cuando, entra dentro de las bases (y totalmente lógico) el publicar en cada uno de nuestros espacios dichos sorteos de libros. Así, cuanta más gente se entere, más podremos difundir el gran arte de la literatura.
En esta ocasión, 'Leyendo en el bus' (@leyendoenelbus), blog de Teresa, y 'El búho entre libros', espacio de Pedro, sortean 'In vino veritas', de Virginia Gasull (@VirginiaGasull).
Os dejo el enlace y... ¡difundamos cultura!
domingo, 15 de febrero de 2015
Hablemos de San Valentín y porno
Sí, voy a hablar de San Valentín y porno en un mismo espacio. Lo sé, vivo al límite. Estoy mu’ loca. Entiendo que la mayoría de vosotros sabríais distinguir entre el día vomitivamente romántico donde los haya y una simple peli porno que se puede ver cualquier día, pero yo, como últimamente estoy carente de ideas creativas entre tanto examen quiniela, tanto trabajo, tanto estrés y tantos bajones existenciales tipo “mi vida, qué pobre es” (en el sentido más personal y monetario de la palabra), lo he decidido unificar. Porque sí, porque, al fin y al cabo, amor y sexo no deberían estar reñidos. Aunque cuando diga sexo me refiera en este contexto a “hola, cartero. Pasa, que tengo que darte un paquete. Toma, toma, toma. Ah, ah, ah, qué rico, papi -cachete en el culo-”.
Avisados quedáis que no sé por dónde va a salir esta mezcla. San Valentín y porno han sido los temas que más han salido en mi trabajo esta semana, así que hale, lo voy a plasmar todo aquí. A lo grosso y sin borrar, que estoy mu’ loca. Bis.
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| Ésta era yo ayer por caprichos del destino cruel. |
Por una parte, tenemos –tengo– a San Valentín que, teniendo con quien celebrarlo o no, no me quiere. Directamente. Es como si cada año se alinearan los planetas para que, de una manera o de otra, me tenga que quedar en casa. Pero es que este año ha sido como una alineación de planetas superior para mayor crueldad de mi destino, porque sí, amigos, una vez más, en este 14 de febrero me he quedado en casa. Cayendo en sábado. Y en Carnaval. Maldito mundo cruel.
Y no es que crea yo mucho en eso de Cupidos, corazones y demás hombres cruzando el paso de cebra de delante de tu casa con un ramo de rosas sabiendo que es el único día del año en que le vas a ver en esos románticos términos, sino que creo, al menos, en que la crueldad del destino, en algún momento de mi vida existencial, me premiaría con un ‘algo’. Y cuando digo algo me refiero, aunque sea, a un amigo y/o amiga con quien salir un sábado por la noche, en vez de quedarme viendo laSexta Noche y su análisis de la lista Falciani. Y repito que no es por este puto San Valentín; es más bien por el buen funcionamiento de mi psique, porque hoy, domingo, tooooooooodo el mundo (y cuando digo toooooodo el mundo es tooooooooooodo mi Facebook) han subido mensajes y fotos de amor y, sobre todo y para mayor envidia de mi persona, fiestacas absolutas donde han corrido ron, whisky y muchos chupitos de Jagger (nota mental de mí para vosotros, porque en el fondo os quiero: NUNCA, repito NUNCA –y en mayúsculas- probéis ese líquido de la muerte. Yo le seguí la bola a mi grandísimo Churro –un amigo, no os penséis- y aún sufro las resacosas consecuencias desde hace meses). A lo que iba: Todo eso bañado con un sinfín colorista de disfraces absurdos. Con lo que a mí me gusta hacer el ridículo, por Dios. Pero no, en casa me hallaba, porque novio, amigos y demás personas vitales se encontraban en la no posesión de contentarme. Ni un disfraz. Ni una copa. Ni un chupito. Maldita vida.
Encima todo esto lo tengo que sumar a que no pude acudir a un encuentro de escritores y blogueros porque, para mayor crueldad de mi destino y agenda primeramente solapada y totalmente vacía después, tenía una cita ineludible que no podía cambiar. Pero claro, eso era antes de que el destino quisiera reírse de mí. Una vez más. Tenés todo, tenés nada, como dice uno que yo me sé y al que mucho aprecio, precisamente, no tengo (ya veis, colchoneros, podéis echaros encima de mi persona. Después de este fin de semana de mierda ya no le tengo miedo a nada. Muajajaja).
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| Me veo aprendiendo así el año que viene. |
Y ya dejando a un lado al jodido 14 de febrero, donde se me ha olvidado especificar que lo más divertido y arriesgado que hice en todo el día fue acompañar a mi madre a hacer la compra, pasamos al tema guarrillo del pornis, que sé que lo estabais esperando.
Creo que nadie me creerá cuando diga aquí, en primicia y para todos mis radiovidentes (Esta palabra no existe, ¿verdad?) que nunca he visto porno. Y cuando digo nunca, no cuento aquella vez que otro amigo me puso el vídeo porno casero de Paris Hilton en su casa, con pizzas y calimocho un viernes cualquiera. Eso era casero y pixelado, a lo Canal+, así que no, no lo contamos.
Pues estando esta semana en la oficina, ésa en la que no pasa un día en que casi me haga pis encima de lo que me río, salió el tema típico entre compañeros (sí, sí, he dicho típico) de “hay que ver porno para aprender”. Porque sí, amigos, un compi me relató en un verdadero partido de tenis (solo hablábamos él y yo mientras el resto miraba a uno y otro lado flipando con nuestro debate de vidas sexuales varias), que el porno es educación.
Según él, los tíos no ven porno para lo que viene siendo su disfrute y goce personal, no, sino para “aprender y luego educar al mundo”. Y cuando digo mundo me refiero a –palabras textuales- “novia, amigas o lo que surja”.
Pero, vamos a ver, hombres del mundo, que no hace falta haber visto pornis para saber que eso, queridos míos, es UNA PELÍCULA. Mala y sin argumento, pero una película, al fin y al cabo. Ficción, amigos. No queráis descoyuntarnos por la mitad porque visteis que una actriz se descuajaringaba en dos para ese toma, toma, saca, saca más profundo.
Pero bueno, que yo soy muy de hacer autocrítica y quizás tengáis razón en eso de aprender para después educar. O reeducar. Vaya, que podía haber aprovechado mi mierda de día de San Valentín para haberme puesto a estudiar artes amatorias a la par que sexuales. No pasa nada, total, para el próximo año volveré a no tener cita o fiesta con disfraz incluido… Un forever alone en toda regla. Pero oye, al menos tendré para estudiar. Clic.
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lunes, 22 de septiembre de 2014
No todos los hombres son manitas
No, no todos lo son. De hecho, no solo no los hay diestros con sus manos, sino que los hay torpes, muy torpes. Sí, lo habéis adivinado: los manazas. Y convivo con el padre de todos los manazas: Sí, mi padre. Buscad la palabra 'manazas' en el diccionario y os sale su cara, en serio. Veréis a un hombre peculiar, regordete y con barba y pensaréis "mira, el padre de los manazas". Y pensaréis, madre mía, ¡cuánto amor de hija, qué vapulación a su progenitor! ¡Pues ya os digo yo que merecida!
Viniendo del trabajo y divagando en historias varias con mi Manza, he llegado a la conclusión de que os tenía que contar la última de este hombre, pero es que ahora que estoy escribiendo el post, me doy cuenta de que no solo os voy a contar una anécdota, sino una metáfora de mi vida. Sí, la Rubia Neurótica se ha puesto filosófica (que yo era muy de sacar sobresalientes con Kant y Descartes, qué os pensáis...).
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| Ésos son los relojes y, obviamente, mi cara de rubia poseída ante tal estampa. |
Resulta que estaba yo taaaaaaaaaaaan feliz (ojo a las 'aes' de mi 'taaaaaaaaaaaan': significan un nivel de felicidad nivel a tope máximo) con mi nueva adquisición, que ha venido Murphy en forma de padre manazas y me lo ha tirado por tierra. O por arena. Para aquellos que aún no lo sabéis (o sea, la mayoría) esta loca que suscribe hizo caso a su súper mega locura interior más de la cuenta y... ¡se compró un piso! (Sí, ésa soy yo). Bueno, quien dice piso, se refiere a un solar que, supuestamente, en dos o tres años es donde estará construido mi hogar (sí, así suena muy bonito; el pagarlo ya no tanto).
Que me desvío de la cuestión: Pues estaba yo taaaaaaaaaaaaan feliz (enfatizo mi felicidad de nuevo para resarcirme en la crueldad de mi destino) con mi nueva casita que claro, una no podía estar sin comprar nada hasta dentro de tantos años (sí, esto es como la que se queda embarazada y, por no esperar a que le digan el sexo del bebé, compra toneladas ingentes de bodies amarillos), que me compré una monada en forma de dos relojes extra grandes de arena de súper mega diseño -al igual que de súper diseño era su súper y caro precio- que colocaría en mi futuro salón, al que claro está, una ya sabe cómo piensa decorar.
¿Y dónde entra mi señor padre en esta historia, precisamente? Os cuento: el destino, una vez más y ya está haciendo demasiadas de las suyas en mi existencia vital últimamente, ha hecho su aparición. Llevo esperando esos dos relojes meses (desde junio, de hecho), los recogí hace dos días y ¡tachán, tachán! ¿Quién es el hombre que decide un lunes a las seis de la madrugada coger una bolsa QUE NI LE VA NI LE VIENE, la huele y cotillea cual niño pequeño y decide SOLTARLA EN EL AIRE, porque claro, NO LE IMPORTA UNA PUTA MIERDA? Pues eso. Vale que a los hombres esto de la decoración les importe lo mismo que a mí el ciclismo de la sobremesa, pero... ¡JODER, QUÉ MANAZAS, COÑO!
Llamadme rubia intuitiva, pero creedme que he saltado de mi cama (sí, a las seis de la mañana) gritando cual posesa de psiquiátrico sabiendo que mi progenitor había destrozado mis súper relojes de arena... Y ahí va la metáfora: ¿Será la historia de mi vida? ¿Se me estará acabando el tiempo? Ains Señor, llévame pronto e invita a mi padre a una clase de "niño, las cosas de los demás no se tocan". Clic.
domingo, 21 de septiembre de 2014
¿Por qué lo llaman 'primera cita' cuando quieren decir 'a ver si me la trajino a la primera'?
"¡La vida empieza hoy, ya veremos qué pasa mañanaaaaaaaaaaa!" Taaaaaaaan feliz que vuelvo de ver a Sergio Dalma en concierto que hasta me he vuelto un poco romántica desde anoche (mentira, ya sabéis que eso en esta Rubia Neurótica que suscribe es imposibol totally), pero bueno, a lo que venía yo hoy, a destapar mitos que ocurren en las primeras citas ante lo que creemos las mujeres -incrédulas a tope máximo- que es un caballero seductor. ¿Y por qué se me ha ocurrido hablar de esto, precisamente hoy, un domingo de resaca sergiodalmera? Pues porque he leído un artículo -buenísimo a la par que increíblemente inverosímil- de GQ España.
En dicho repor (cuán cool me parece la palabra 'repor', es muy de jerga periodística del siglo twenty one) explican las 20 cosas que debería hacer un verdadero seductor en su primera cita con una jamelga (sí, la urbanita de mi persona ha escrito 'jamelga'. Señor, llévame pronto). Bien, pues me ha encantado el artículo, pero aquí está esta Rubia para desmontarlo y hablar de lo que, en realidad, hacen los hombres en dicho primer encuentro o, al menos, con lo que me he encontrado yo en toda mi existencia vital (y no es que todo haya sido malo, pero es que aquí lo que mola es que os cuente mis desgracias, no las pocas cosas buenas que me he encontrado con estos seres de pensamiento penil. Y sí, recalco la palabra 'pocas').
Ahí va (Mito by GQ Spain Versus Realidad by Albuli, alias Rubia Neurótica):
1. Ten un plan: Diseña una noche perfecta. Asegura la reserva del restaurante -suponemos que conoces la carta de antemano- si vais a cenar, habla con esa coctelería para que te cuiden el mejor sitio. Dejar las cosas al azar no es propio de grandes hombres.
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| Amén. |
2. No arriesgues: “Qué te parece si probamos” está muy bien para los aventureros, pero no para los seductores: tu Foursquare y tú sois uno y lo mismo. Meterse a probar comida o bebida nueva en una cita nunca es buena idea.
2 Bis. Siempre arriesgan: Me encanta lo de "no te metas a probar algo nuevo", pero es que es volver al punto 1: nunca tienen un plan, ergo siempre arriesgan, y claro, pocas veces suele salir bien. Taaaaaaaaaaaan geniales son las primeras citas en las que vas a "tomar algo" (muy de primera cita, sí) y acabas con un olor a fritanga por haber guarreado dos cañas y tres patatas fritas en un mugriento bar con cabezas de gamba en el suelo (nótese la ironía en mis palabras).
3. Ten otro plan: Déjale un hueco al azar. No puedes preverlo todo, así que maneja siempre una opción b. La estrategia ha guiado el destino de la historia por algo.
3 Bis. Ten ALGÚN plan: GQ, ¿en qué quedamos? ¿En que tengan planes (punto 1) o que no los tengan (point number three)? ¿Lo dejamos mejor en que tengan algo en la cabeza? ¿Algo, nada más? Tampoco pido tanto, ¿no?
(Me salto puntos, que hay muchos. Así soy yo, muy poco lineal. Muy de venirme arriba pasando del punto 3 al punto 7, que estoy mu' loca.)
7. No hace falta decirlo, pero sé puntual. Y por puntual nos referimos a “llega antes que ella”.
7 Bis. Sé puntual, pero, en serio, selo: A ver, ¿por qué unos tienen la fama y otros cardan la lana? ¿Por qué ese falso mito de que las mujeres tardamos mil horas en arreglarnos y, por ende, siempre llegamos tarde? ¡Mentira! A mí siempre me ha tocado esperar, con la impaciencia que conlleva eso a mi psique, que te me retrasas quince minutos y ya salivo espuma por la boca, no digo más... ¡Odio esperaros! ¡Y sí, siempre lo hago! ¡Sed puntuales, coño! Y no, tampoco se admiten los diez minutos de rigor. Si alguien tiene que esperar, que seáis vosotros, ¿entendido?
11. Cuidado con el perfume. Esta cuestión es tema a parte. Ni mucho, o la embriagarás provocándole náuseas, ni poco, o todos los aspectos que has cuidado previamente se desvanecerán ante el más importante. El olfato es el sentido con el que más recuerdos registramos, por tanto, una buena fragancia nos garantiza un grato recuerdo por su parte.
11 Bis. NO a la colonia barata: Este punto me encanta; podría estar hablando de ello durante horas. Por todos es conocido lo que me encantan a mí los perfumes de hombres. Ah, ¿que no lo sabíais? Pues seres masculinos del mundo, me gustan, y los caros. Como vengáis con alguna imitación del Mercadona ya podéis iros por donde habéis venido. O sea, que te tiras tres horas frente al armario (porque lo haces, como yo) para ponerte súper hiper mega mono (o intentarlo, al menos) y luego te me echas tres litros de 'Varón Dandy' o, viviendo al límite, 'Buscando a Jacq's'? No, hombre, no...
15. Maneja los silencios, escucha. Una conversación, sobre todo en una cita, no es una pelea de gallos raperos. Tu lenguaje corporal, tu percha, es una de tus mejores armas, y vas vestido para la ocasión: Úsalo.
15 Bis. Con el "escucha" me conformo: ¿En serio, GQ? No, si la teoría está fenomenal, pero de ahí a que se haga realidad... No nos engañemos, tú, como mujer de éxito y orgullosa de serlo, le estás contando que te han nominado a Premio Pullitzer del año y ¿él qué hace? ¿Felicitarte por tus méritos de rubia inteligente? (Sí, sí, no me he confundido, he dicho rubia inteligente. Ahí queda eso). ¡No! Te mira más abajo de tu barbilla, ahí donde las más suertudas tienen canalillo. Pero vamos a ver, ¿pero es que acaso no os dais cuenta de que SÍ nos damos cuenta? Pero entonces, ¿por qué lo llaman 'primera cita' y apostillan lo de "escucharnos", cuando en realidad quieren decir 'a ver si hago que la escucho y me la 'trajino a la primera'?
Lo del tema de "tu percha" me ha marcado infinito... Sería genial si todos los hombres tuvieran la percha de los hombres de GQ, pero es que da la jodida casualidad de que vivimos en el mundo real, señores...
18. Pagas tú. Y punto. Si la siguiente quiere pagarla ella, bien: Ya tienes tu segunda ronda -así que la cita va bien- o tu segunda cita -si te interesa-, y la igualdad en el mismo paquete.
18 Bis. Amén: Sí, amén, y punto. Llamadme anticuada, pero es lo que hay. Y lo peor de todo es que mi pensamiento no concuerda con mis actos, ya que acabo aflojando cartera, pero no me digáis que no mola un tío que te diga eso de "insisto, pago yo". Ah, no, esperad, que de esos no hay. O no que yo haya conocido.
Y hasta aquí por hoy, que tampoco quiero cebarme... Solo os daré un consejo que SÍ funciona con las mujeres en general: hacednos reír. Y sí, hasta el más feo lo tendría hecho (bueno, en realidad no tanto, pero quería acabar con un mensaje positivo y poco superficial, pero entonces no sería yo. Maldad de rubia en estado puro. Muajajaja). Clic.
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miércoles, 6 de agosto de 2014
Programación veranil: De la Chabelita ‘Machupichu’ al 'pelopolla' del novio
Ah, pero escúchame, ¿es que tú no sabes que Alberto Isla ha
calificado a Chabelita (sí, sí, la misma) de ‘Machupichu’? ¿Y que aún no estás
al loro del culebrón Rosa Benito versus Amador Mohedano? Suertudo tú, ya que
debes de estar de vacaciones. Pero no de unas vacaciones cualquieras, no, sino
de ésas en las que has desaparecido de la faz de la tierra, sin internet, ni
tele ni nada, porque, de lo contrario, de tener el más mínimo contacto con la
especie humana, ay, amigo, habrías caído en las redes de la telebasura. ¿Porque
te guste?, no, sino porque lo tendrías en absolutamente todas partes. Y cuando
digo absolutamente, digo ABSOLUTAMENTE, con súper MAYÚSCULAS.
Y te lo dice una que sí, que es maruja desde que la parió su
madre hace ya muchos años, pero, aunque no lo fuera, desayunaría Alberto Isla,
tendría Benenito para comer (ya está pasado el término, pero mi amigo Jorge Javier
Vázquez la calificó de una manera muy adecuada hace unos años) y, si me apuras,
merendaría Belén Esteban y Andreíta (ah, no, espera, que la Reina de Sálvame
está de vacaciones. ¿Qué por qué lo sé? Porque mi siesta es más siesta desde
que no oigo de fondo eso de ‘Maaaaaaaaaaaaaaa-to’ o ‘¿Me entiendeeeeeeeeeeeeees’?)
No me juzguéis, todo el mundo está de vacaciones, incluida
la televisión, lo que significa que tengo circo mañana, tarde y noche. Y claro,
con eso de que Amador le robó 190.000 euros del premio de Supervivientes a su
mujer, o que Chabelita ahora se ha liado con el primo de Josefer y Gloriacá
(muy de telenovela, sí) pues estoy la mar de entretenida. Lo que me lleva,
inexorablemente, a una reflexión en voz alta: ¿Por qué, españolitos del mundo, no admitís que estos teleculebrones
enganchan? Porque lo hacen. Y mucho. Yo, al menos, lo admito. Creo que ya no
podría dormir sin saber cómo acaba toda la ruptura de Isabel II con el ‘pelopo’
(dícese del adjetivo calificativo que califica –ole yo- a una persona con el
pelo cual pelambrera púbica. Y esto no lo digo yo, eh, lo dijo Kiko Rivera –otro
qué tal baila. Ah, no, que canta- al que, por entonces, era su cuñado.) ¿Te
imaginas, amigo, que el hermano de tu novia va a la tele a llamarte ‘golfo
pelopolla’? Pues sí, éstas son las cosas que enganchan de la telebasura. Es
así.
Bueno, a lo que iba, mi reflexión inexorable: ¿Por qué
cojones no admitís que veis la telebasura culebril? ¡Con lo que molan las miserias de los demás! Ejemplo
claro: el señor que puso la semillita en el útero de la mama, vamos, mi señor
padre. Abogador incansable de ‘la armonía del silencio’, aquel que cree vomitar
cuando ve a la princesa del pueblo gritando en Telecinco, él y no otro, también
lo ve, peeeeeeeeeeeeeero, de ahí a reconocerlo va un mundo. Él, muy digno, se
molesta hasta límites insospechados de que mi santa madre y la rubia neurótica
que suscribe le digamos que no sea tan cínico, que lo ve igual que nosotras,
pero mira, no, no es capaz de decir: “Hola, soy pepito, y soy consumidor de
telebasura anónimo” (aunque, bueno, si lo dijera en voz alta dejaría de ser
anónimo, ¿no?)
¡Y qué me decís de Divinity y sus realitys reformeros! ¡Por
Dios, lo que molan! Ésos con sus gemelos comprando casas viejas para volverlas
una maravilla divina, o el guaperas que reforma sótanos para después ser
alquilados y en el transcurso se encuentra con moho, amianto… (Habéis visto lo
que he aprendido, ¿eh?) Casas que cuestan una miseria, por cierto, lo que viene
siendo un milloncillo de dólares, cientos de miles arriba, cientos de miles
abajo, vamos, a lo que estoy acostumbrada yo a cobrar cada mes, más o menos…
Pero engancha, engancha, aunque te recuerde lo pobrecita que eres (y seguirás
siendo, a no ser que te toque el Euromillón).
Bueno, pues eso, televisión, tú que también estás de
vacaciones, por favor, no me dejes sin tu querida programación de verano. ¡Qué
iba a ser de mí si no! De mí y de los miles de consumidores de telebasura
anónimos…
jueves, 12 de junio de 2014
Soporte técnico de Orange, ése gran competente
Sí, su competencia es inversamente proporcional al amor que les prodigo. Orange, esa cosa que hace llamarse compañía de telefonía me tiene hasta la mismísima última mecha de mi rubia melena. No os voy a aburrir con los detalles, solo os dejaré un escrito real que les acabo de mandar por eso, por su absoluta competencia. Los problemas que tengo, además y que no son pocos, por parte de la empresa, la cual también tiene los servicios contratados con esta cosa (sí, el hombre es el único ser que tropiezas dos y mil veces con la misma piedra), lo dejo para más adelante, que no quiero cabrearme más de lo que lo estoy. Si no os contesto a los mensajes, por favor, buscad en los hospitales, porque mi querida naranja habrá sido la culpable del infarto que me deje postrada en una cama.
Ahora sí, os dejo con mi carta dirigida al Departamento de Bajas de Orange. Solo una cosa más, por favor, escribid vuestros comentarios para hacerme sentir mejor pensando que no soy la única pringada a la que esta compañía tima una y otra vez. Una y otra vez. Pero ésta es la última, lo juro. Antes, muerta.
(Ésta es solo uno de los problemas que he tenido con esta empresa. No os vayáis a pensar que es el único. No, hombre, no).
Yo, Albuli, con DNI XXXXXXXXX-X, solicito la baja de línea de Internet
Everywhere con código X-XXXXXXXXX y teléfono XXXXXXXXX a la mayor brevedad posible.
El motivo por el cual pido dicha baja es la absoluta
disconformidad con el servicio contratado –de manera totalmente irregular-,
además de la negativa por parte de la compañía a mis peticiones para intentar
solucionar este problema antes de llegar, finalmente, a la baja de dicha línea.
Me explico:
El pasado 22 de mayo de 2014 contraté una línea móvil de
Internet Everywhere de 1Gb por 10,89€ (IVA INCLUIDO). En dicho contrato y
fecha, JAMÁS se me expuso la posibilidad de que el sistema operativo de mi
ordenador con el cual iba a trabajar pudiese ser INCOMPATIBLE con el pincho USB
que iba a utilizar. En caso de que se me hubiese hecho esa simple pregunta
(“¿Qué tipo de sistema operativo tiene su ordenador?” “Windows 8” “Entonces no
funcionará correctamente con el pincho USB” ¿Veis
qué sencillo hubiera sido?) NO hubiese contratado dicha tarifa.
Cuál es mi sorpresa cuando, en mitad del campo -e
incomunicada-, tuve que llamar a Orange una media de 10 veces para reclamar que
el Internet que había contratado NO funcionaba (les insto a que se echen unas
risas escuchando dichas conversaciones con su queridísimo y a la par que competente
soporte técnico. Guiño, guiño). Tras, repito, una decena de llamadas –una de
ellas a un 902, que, por supuesto, me incluirán en mi factura, de eso ustedes
no se olvidan- se me dice que “mi sistema operativo es incompatible con un
pincho USB y que necesito descargarme un parche de compatibilidad para el
correcto funcionamiento de Internet –o funcionamiento, al fin y al cabo. A lo
que yo me pregunto “perdónenme, pero, ¿son bobos? ¿Cómo coño voy a descargarme
algo de INTERNET CUANDO NO TENGO INTERNET?”- Déjenlo, es una pregunta retórica.
Siguiente cuestión: Una vez reubicada en Madrid, procedí –vía
WiFi, porque claro, no tengo Internet móvil, debido a que nadie me avisó de que
NO me funcionaría- a descargar el dichoso parche y, sobra decir, que TAMPOCO
funciona con el mismo. Tras aumentar mi cabreo de forma considerable, acudí a
una tienda física de Orange y se me avisó de que tendría que adquirir un
dispositivo de WiFi móvil y el cual me costaría la friolera de 80€ y que, “si
lo hubiese cogido el día en que firmé el contrato, no hubiese incurrido en
ningún sobrecoste de este calibre” (Volvemos a lo mismo: ¡¡Con lo fácil que
hubiera sido que ese dichoso 22 de mayo se me hubiese preguntado por mi sistema
operativo!!). Tras, obviamente, recibir la dependienta un NO de mi persona más
grande que una casa, me expuso otra posibilidad: Dar de baja la línea que ahora
os estoy pidiendo el cese, ya que no tiene permanencia, y contratar una nueva,
pero ¡ojo! esta vez sí, con una permanencia de 24 meses y pagando por el
dichoso WiFi móvil una cantidad de 50€. Perdónenme, pero, ¿creen de veras que
voy a contratar algo por 24 MESES + 50€ de un dispositivo cuando ni siquiera sé
si me va a funcionar el primer día? (Aparte, además, de que JAMÁS DE LOS
JAMASES CONTRATARÍA NADA MÁS CON ORANGE. ANTES, MUERTA).
Por todo esto, exijo una de dos: o que se me dé a coste
totalmente CERO un dispositivo de WiFi móvil o, por el contrario, la baja
inmediata de esta línea Internet Everywhere, además, de cómo podrán comprobar,
la posibilidad también de llevarme a otra compañía las otras 4 líneas que tengo
contratadas con ustedes, mi querida y fraudulenta Orange.
Entiendo que con este "breve escrito que me habéis solicitado" vía
Fax (Fax que también voy a pagar yo, cual pringada, pero ¡oye! bien que para contratar
cualquier cosa con llamar al teléfono gratuito del 1470, vale) sea
suficiente.
Reciban un cordial saludo de un cliente “totalmente
satisfecho”, en el sentido más irónico de la expresión,
Albuli.
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lunes, 26 de mayo de 2014
Finde futbolero-electoral: No voto, pero que nadie toque mi fútbol, que ma-to
Madre mía, ¡la de cosas que tengo que contar por aquí de este fin de semana! Pero lo resumiré todo en esta frase: tras la resaca del fútbol y de las elecciones, amigos, vuelve a ser lunes. Es duro, pero es así. Los lunes, como el resto de días, llegan una y otra vez. Cada siete jornadas, oiga, como un reloj. Pero claro, este lunes es especial. Es el lunes del debate vía redes sociales tras, me repito, este grandísimo fin de semana que me deja una conclusión a fuego: Si la gente saliese a la calle para votar como lo hace con el noble arte del deporte rey en este país, otro gallo cantaría. Hasta una saeta, si se lo propusiese. Porque sí, amigos, Spain is different! Y no lo digo como fórmula de burla o castigo con látigo a la sociedad, lo digo como una realidad como las mechas rubias que esta neurótica lleva en su cabeza.
De ese 56% que, por un motivo u otro (no voy a entrar en ese tipo de debates) no ha votado en las urnas, ¿cuántos sí habrían salido a la fuente de su pueblo y/o ciudad para gritarle al mundo lo mucho que quieren-adoran-matarían a gente por su equipo? Y ¡oye! que yo he sido la primera que casi muero de un infarto cuando llegábamos al minuto 90 y la cosa no pintaba bien para el Madrid de mis amores, pero ¿en serio? ¿Con la que está cayendo y la mitad de la población con derecho a voto no ejerce el mismo? No lo sé, algo falla... No soy analista político ni lo pretendo, así que, como he declarado hace exactamente cinco líneas, no voy a empezar a debatir en el "luego no te quejes si no has votado", pero me sorprende el porcentaje, de verdad. Aunque mirad, sí voy a hacer un mini análisis, ahora que lo pienso (sin decantarme por mis colores políticos): Señoras, señores, hagan autoevaluación de la situación. El bipartidismo ha perdido 17 escaños respecto a las elecciones europeas. Diecisiete. Hagánselo mirar. Si tan acostumbrados están a examinarse su propio ombligo, por una vez más que lo hagan, no les va a pasar nada. La autocrítica es absolutamente imprescindible (en todos los aspectos de la vida).
Y dejando a un lado ya el tema serio que a veces ocupa a mi persona, ¡qué coño! ¡Cómo no te voy a querer, cómo no te voy a querer si me has hecho campeón de Europa por décima vez! Sí, sí, ahora dejo salir a la rubia loca por el fútbol que llevo dentro (bueno, y fuera, porque las personas que vieron el partido conmigo a punto estuvieron de correr tras los tres pitos del árbitro a Urgencias por rotura de tímpanos). ¡Qué partido, señores, qué partido! Pues... ¡mentira! ¿Fui la única a la que le pareció un mojón hasta el minuto 85? Porque, a ver, asumámoslo, fue una verdadera castaña, de unos y de otros. Pero claro, luego el Madrid sacó sus garras y dijo "hasta aquí hemos llegao" y, bueno, el final de la historia ya lo conocéis. Vosotros y los mil millones de personas que estuvieron pendientes de él. ¡Hala Madrid, hala Madrid! Ya me callo, ya... Solo una cosa: Enhorabuena al equipo rojiblanco y su afición, signo indiscutible de una temporada fenómena y de su gente, más fenómena aún.
Por último, reflexión: De ese más de 60% de share que tuvo el partido (share: véase audiencia en televisión para los guays), ¿cuántos no votaron? Ahí lo dejo.
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sábado, 17 de mayo de 2014
El noble arte vecinal del punta-tacón-punta
Punta. Tacón. Punta, punta, tacón. Tacón, tacón, tacón. Zapateo y vuelta a empezar. No sé si he escrito bien la secuencia, pero me la sopla. Lo que vengo a denunciar hoy es el oportunismo vecinal. Porque sí, solo ellos, tus vecinos, pueden tener el más y absoluto arte del oportunismo. Véase oportunismo bailarín, mudancil (de mudanza) o musical. O, como lleva ocurriendo en mi querida comunidad durante todo el día de hoy, todo junto. Un tres en uno en toda regla. Punta. Tacón. Punta, punta, tacón. Tacón, tacón, tacón, tacón (ya lo tengo metido en la cabeza y es peor que la canción del verano, que se mete taaaaan dentro que es imposible olvidarla).
Es como un remix del destino. Alba, ¿que hoy tienes que darle duro al jodido estudio de los exámenes de junio? Tranquila, no vas a sentirte sola. El hecho de que tus padres te hayan dejado la casa para ti durante todo el fin de semana y que así no te moleste nadie se va a acabar, porque nosotros, tus vecinos, te haremos compañía de todas las maneras jodidamente posibles. Qué generoso por su parte, oye.
Están los de arriba que, unas tres veces al año -es decir, cuando estoy en época de exámenes- deciden cambiar de disposición todos los muebles de la casa al ritmo del punta, tacón, punta. O todas las habitaciones o, única y exclusivamente, en la que mi persona se encuentre en esos momentos. Que estoy en mi querida alcoba, punta, tacón, punta acompañado de cama p'alante, cama p'atrás (y no para lo que os pensáis, eh, guarros, es que tienen una cama con ruedas debajo de la otra. Llevo catorce años aquí para conocer ya el dichoso ruidito). Que estoy en el salón, punta, tacón, punta a ritmo de un armonioso aspirador. Y así siempre. A todo esto sumémosle, además, las ocasiones esporádicas en las que también hace aparición su noble arte de la jodienda vecinal, y eso es coincidiendo siempre, siempre, siempre con los domingos. No es que hagan limpieza general una vez a la semana, que podría ser, sino que la sincronizan con aquellas mañanas en las que la resaca se ha apoderado de mi cabeza rubia (y, a veces, también de mi estómago). Tan majos ellos.
Luego están los de abajo, donde, entre millones de seres infantiles que rodean mi hogar, conviven dos mujercitas adolescentes, donde los gritos y los tirones de pelo son su pan de cada día. Y del mío, porque, claro, los decibelios que acompañan a estos pequeños seres superan, con mucho, los muros de pladur de nuestras respectivas casas. Ah, por cierto, éstas son, por si todo lo anterior fuera poco, férreas admiradoras del plañidismo de Pablo Alborán, al cual recitan con el mismo tono de voz que sus broncas diarias. Ahí queda eso.
Y, por último, están los típicos del puerta con puerta. Ésos en los que, en circunstancias normales, tienes una relación de amistad de "toma mis llaves, por si algún día pasase cualquier cosa", pero claro, he dicho en circunstancias normales y, como yo no lo soy, nuestra relación es de, simple y llanamente, puerta con puerta. Y no es que me caigan mal, al contrario, son una pareja joven súper encantadora con dos crías más encantadoras aún. El problema radica en la composición musical que cada fin de semana en general -y este de exámenes en particular- se forma entre el programa 'Del 40 al 1' con los éxitos más guays del momento a toda potencia con los llantos hiper mega incontrolados de la pequeña de la familia. En serio, hay veces en las que pienso que un bebé es imposible que llore más, pero no, siempre me confundo. Aun así, de éstos no me quiero quejar, de verdad, que son unos soles, pero claro, me pillan en plena crisis de rubia neurótica que intenta estudiar Psicología de las Diferencias Individuales -que suena todo en chino mandarín- y se encuentra con semejante percal y claro...
Pero bueno, a lo hecho, pecho, que ellos han tenido que aguantar también mi infancia (con las Spice Girls), mi preadolescencia (con Chenoa y todo el repertorio de la primera temporada de los triunfitos), mi adolescencia (con todo lo que cayese en mis manos. Menos calorreo, de eso jamás. Y qué orgullosa me siento) y, ahora, en mi época de supuesta adulta con mis gritos de loca neurótica al borde del colapso, subida a unos altísimos tacones de quince centímetros mientras canto a viva voz al ritmo de alguna canción pachanguera. Así que, Alba, ajo y agua, aquí tienes la actual y particular versión de la Ley del Talión. Te la devolvemos, diente por diente. Clic.
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jueves, 15 de mayo de 2014
'Impass laboril': A veces, también soy seria
Sí, y profesional, también. Bueno, dejemos hoy de lado el
neuroticismo propio de la rubia que suscribe siempre en estas líneas para hacer
un pequeño kit-kat laboral (o laboril, que sabéis que me gusta mucho cambiar
vocablos).
En esta ocasión, voy a aunar tres facetas que me llevan
acompañando desde que tengo uso de razón: loca neurótica y escritora de este
blog por vocación, empresaria de alto copete presentando su joven y
absolutamente genial compañía y, lo que nos lleva a todo esto, incansable y
eterna estudiante (no, amigos, seguiré con esto último hasta que me aburra y, a
este paso, parece que me encanta vivir pegada a apuntes varios).
¿Por qué de todo esto? Bueno, porque, si aún no lo sabéis,
unamos a todos mis quehaceres varios un nuevo curso para especializarme un
poquito más en mi profesión: el eMarketing. De esta manera, una de las
actividades que me exige esta nueva andadura es la creación de un blog y nada mejor
que éste para llevar a cabo mis estudios. Es cierto que podría haber elegido
cualquier otro más 'serio', pero ¿para qué? ¡Si yo no soy así!
Bueno, lo dicho, que además de crear un blog, tenía que
meter una entrada con un vídeo subido a YouTube y, tal y como os he comentado
antes, nada mejor que aprovecharme de que esta entrada la van a ver decenas de personas
de mi sector, por lo que he decidido colgar el vídeo corporativo de Romance XXIComunicación, mi agencia de comunicación y marketing digital (la mía y la mejor
del mercado. Por si algún cliente nuevo cayese en mis brazos. Guiño, guiño).
Dicho esto, el post ya está creado con dicho vídeo, pero
además, y ya que estáis, ¿por qué no le echáis un ojo a nuestra presentación de
la empresa? ;)
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lunes, 27 de enero de 2014
Murphy, ese amigo inseparable (o Alba se queja vol. II)
Este post bien podría llamarse ‘Alba se queja vol. II’ (como
la saga que empecé hace unos meses con mi brillante título ‘Alba se queja vol.I’, aunque quien dice unos meses dice el 4 de diciembre de 2012). Bueno, más bien podría titularse ‘Alba se queja vol. 1 millón’, porque en
cuestión de lo que viene siendo quejas soy la puta jefa, para qué nos vamos a
engañar, pero como dichas solicitudes por parte de mi humilde persona no se han
hecho públicas en éste, mi querido blog, pues nada, se queda en un flojo vol.
II, eso sí, esta vez con protagonista: Murphy. (Ole ahí el súper párrafo que me
acabo de gastar donde tiro por la borda la ley number one de un periodista:
buscar sinónimos).
Quién no conozca a este señor, definitivamente, es porque le
va genial en la vida, lo que significa que toda la mala suerte me la habría
podido traspasar a mí (cosa que veo totalmente factible, en vista de los
derroteros por los que anda mi vida vital en los últimos tiempos del mundo…). Por
el contrario, quienes, como yo, sientan a mi querido Murphy también como un ser
amigable, a vosotros, queridos míos, os dedico este post.
Os pondré en antecedentes: Murphy, amigos, es ese ser
jodidamente lapa que siempre está pegado a mi persona. Sí, sí, os explico. Por
ejemplo, que yo quiero saltar, pues justo se me rompe una pierna, o que quiero
rascarme la nariz (sí, esa que Iván Izquierdo me rompió con su omóplato con 12 años), pues no puedo porque tengo
las manos ocupadas.
El último ejemplo ha sido hace escasos minutos, porque digo
yo que para qué Murphy me iba a dejar en paz hoy, en mi día libre, el cual he
usado para estudiar una mierda de ‘Fundamentos de Investigación en Psicología’
con cuadros latinos, Salomones y no sé qué casos únicos con varias variables
independientes (aunque eso se merece otro post. Algo así como ‘Por qué coño
Alba siempre estudia cosas que no le valen ni para sonarse los mocos vol. I’).
Pero bueno, que me pierdo. Que iba yo a escribir una noticia -bueno, de hecho,
la he escrito- (de ésas que como reportera dicharachera aprovechas el filón de
la ‘Última hora’ para ser la primera en publicarla) y, justo cuando la he ido a
publicar, ¡cataplum chof chof! se jode el internete. Pues eso es lo que me
acaba de pasar. Porque sí, porque Murphy no ha podido joder la puta red de
redes antes y así no hubiera yo hecho una noticia que hablaba de los Trendin
Topic de Twitter cuando Twitter no funcionaba. Porque sí, porque Murphy no ha
podido mandar Internet a la mierda solo un minuto después de que yo acabase mi
tarea de periodista siempre al filo de la noticia. Porque sí, porque Murphy me
quiere y, como tal, siempre viene a verme en el mejor momento. Y porque sí, y
punto.
Y diréis “joder, tampoco es para tanto”, pero claro, es que
una ya está lo que viene siendo un poco hasta las pelotinguis del mundo en
general. Sé que hace meses y meses (y porque hoy me ha dado por ahí, que si no
podría tirarme años) que no actualizo éste, mi querido blog, donde doy rienda
suelta a mis excentricidades varias de Rubia Neurótica, pero tengo una razón.
Una razón de las que pesan y que llevo tiempo queriéndoos contar (aunque bueno,
entre lo hiper pesada que soy y que los tres pelagatos que leen este blog ya se
enteran de mis miserias porque conocen mi careto en primera persona, poco os
voy a contar que no sepáis ya…). Pero bueno... Mi gran razón es... el emprendimiento.
Gracias, amigos, hasta aquí las polleces de hoy. No tiene ningún
sentido este texto ni hilo referencial alguno, pero no le podéis pedir demasiado
a esta mujer que está a punto de tirarse por la ventana (aunque lástima, porque
desde la altura que hay, encima ni siquiera podría romperme una pierna). Pero
puedo prometer y prometo que estaré algo más pendiente de contaros en voz alta
y en forma de letras nuevas reflexiones y anécdotas varias de esta Rubia
Neurótica que suscribe que, ahora, además, se cree empresaria. Porque sí,
amigos, Murphy y yo hemos decidido crear una nueva sección solo por y para
vosotros. Para instruiros y contaros las verdades verdaderas de un emprendedor
en ciernes. A partir de ahora, me erijo como no solo la Rubia Neurótica que
sobrevive a sí misma, sino que seré aquella que os apoye en ‘Cómo ser
emprendedor y no morir en el intento’. Clic.
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lunes, 23 de septiembre de 2013
Reflexiones sexo-literarias y otras cosas que pasan en la sala de espera del médico
Buenas a todos y todas. Hoy no creo que pueda excederme demasiado, ya que, de un momento a otro, la gente se arremolinará en mi salón para desear un feliz cincuenta y... cumpleaños a la mujer que me dio la vida. Pero no quería dejar pasar la oportunidad de soltar las polladas que se me están pasando ahora mismo por la cabeza. Más que nada por preguntaros también a vosotros si las pensáis o soy sólo yo, que estoy más p'allá que p'acá, que vale, todos sabemos que sí, pero todo tiene un límite.
Mi reflexión del día es: "¿De verdad vende tanto el porno, el erotismo, el sado, vamos, el sexo en la literatura moderna?". Pues, a mi entender, la respuesta es sí. Ni Dios se salva de haber leído la trilogía de Christian Grey, por ejemplo. Y ahora muchos diréis "oh, oh, yo no la he leído", pero, amigos, ¿a qué sabéis perfectamente de quién estoy hablando? ¿Y de que van a hacer una película de ese truñaco de historia que, por cierto, me enganchó hasta el punto casi bestial de quedarme sin vida propia?
Pues eso, que sí, que el sexo en los libros vende, pero, amigos, una cosa es leerlos y otra, muy diferente, escribirlos. Y pensaréis que por qué peinetas os estoy explicando esto. Bien, pues porque hoy tengo un día muy ajetreado sexual-literariamente hablando.
¿Por qué? Pues lo primero es porque, esperando en la sala del médico que me suele atender, porque me ha salido un puto orzuelo del tamaño de un oso, me he llevado un libro. Y no, no el de Grey, sino una trilogía que también se está haciendo bastante conocida. Voy ya por el segundo libro ('Reflejada en ti'), pero ni siquiera me acuerdo de cómo se llama el primero. Una historia que no sabría describiros, más allá de que son una pareja con bastantes traumas infantiles que solucionan todos su problemas (que no son pocos) follando. Y sí, suena fuerte la palabra, pero es que no me sale decir otra. Porque se querrán y todo el paripé, pero fornican como conejos en la historia. De hecho, es lo único que hacen. Y si encima cada vez que lo hacen, es decir, unas cuatro veces por página, la palabra SEXO está en mayúsculas, pues claro, al final la señora que está esperando a tu lado (matizo: la puta señora cotilla) acaba echando un ojo al libro. Y dos ojos. Y tres. Y cuatro. Y al final termina leyendo lo que tú estás intentando leer en la "intimidad", hasta que llega un momento en que la mujer te dice: "¿esto es lo del Grey que todo el mundo habla?" Y claro, te dan ganas de mandarla a la mierda por dos cosas: por cotilla y por mentirosa, porque, a día de hoy, hasta mi abuela, la del pueblo, sabe quién es Christian Grey. "No, señora, es otra novela." "Sí, pero bien que es de SEXO también, ¿eh?" (codazo incluido).
Aún doy gracias por que mi médico justo saliese a nombrarme y así pude dejarla con la palabra en la boca, porque, a ver, qué coño le respondes a esa mujer que te está llamando no menos que guarrilla, cuando era ella la que estaba cotilleando MI libro y poniéndose tontorrona.
Y lo segundo es porque... Mi súper novela ya está más que avanzada y, claro, tenía que llegar este momento, tarde o temprano (y mirad que lo he postergado). ¿Cuál? Os preguntaréis. Pues la escena de sexo, ¡qué iba a ser, si no! Pues eso, que aquellos que me conocéis sabéis que soy una persona sin pelos en la lengua, que suelo hablar de todo abiertamente, pero escribirlo ya es otro cantar. Y más cuando no se trata de sexo, sino de amor. En serio, no sabéis cuán difícil es tragarse a la Samantha Jones que tengo dentro y dejar aflorar a una Charlotte que muere por el romanticismo. Porque, amigos, el romanticismo no es que sea precisamente una característica de mi persona. Si a eso le sumamos que la escena en cuestión que he tenido que escribir es ficticia, pues se juntan dos cosas. ¡Ay, Dios, lo que me ha costado! Lo peor de todo es que según me salía una nueva palabra, se me venía a la cabeza lo que pensaría mi madre cuando lo leyese. No, mamá, yo no hago esas cosas. Te lo prometo.
Por cierto, a este respecto sobre las novelas erótico festivas, éstas que nos molan, que parece que nos gusta que nos traten mal o algo, me hacen tener una eterna duda que ha vuelto a mi mente, leyendo hoy en la sala de espera. ¿Los escritores (escritoras) creen realmente que es morboso que el hombre le lave el pelo a la mujer? Porque, en serio, me parece lo más patético que he visto en mucho tiempo. Desde que ya lo vi en un capítulo de 'Sexo en Nueva York', cuando le lavaban el pelo a Miranda (sí, la única no agraciada del grupo), pasando por (otra vez) 'Cincuenta sombras de Grey' o ahora con la novela ésta que ha caído en mis manos, me parece horribilis, de verdad. Pero, no sé, ¿qué pensáis vosotros? ¿Soy el único ser viviente en este planeta que piensa que para eso están los peluqueros y el champú Herbal Essence?
En fin, me despido, porque llegarán los invitados de un momento a otro. Una tarde en la que no pararemos de comer. Y comer. Y comer. Y comer. Genial para mi no dieta. Clic.
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jueves, 12 de septiembre de 2013
Mi Manzana y su pluma
No sé muy bien cómo empezar lo que quiero escribir, ni siquiera sé qué escribir, pero algo me dice que o lo intento pronto o todo lo que pretendo transmitir se va a ir volando si no lo hago rápido.
Éste, mi blog de rubia neurótica, al que tan poco caso hago pero al que tanto adoro y, por qué no decirlo, mi favorito de entre todas las cosas varias que andan mías por internet, será hoy el recipiente perfecto para volcar todo lo que siento ahora mismo.
Casualidades de la vida o, bueno, casualidades creo que no -destino lo llamaría, más bien- quiso que hace exactamente seis días una persona recibiese una llamada que le dijese algo así como "¿te quejas del poco tiempo libre que tienes? Pues toma, otra actividad más, para que no te aburras". Es gracioso pensar que el motivo de esa llamada nos hiciera pensar que aún tendría menos tiempo libre, cuando el paisaje que tenía ante sus ojos en ese momento eran las preciosas montañas de Fonsagrada, en Lugo, donde nos habíamos dirigido el día anterior para pasar el fin de semana de fiestas.
Esa persona, con una expresión en su cara entre expectación y terror por no saber cómo afrontar todo lo que se le venía encima, me dijo: "Me han llamado para trabajar". Ya veis, algo que sonaría como el cantar de cien ángeles para muchos, a ella le supuso un shock. Y esa persona, aun cargando a sus espaldas con decenas de cosas (a saber: su trabajo como periodista, su labor como empresaria, su faceta como artista de la inventiva literaria y un sinfín de locuras más que, por qué no decirlo, comparto con ella a tiempo casi completo) dijo "¿por qué no?". Y ahí que se lanzó, con otra cosa más que la dejará hecha un trapo sin dormir durante los próximos meses.
Y os preguntaréis "¿y ésta por qué peinetas nos cuenta que a una amiga le ofrecieron trabajo mientras estaba de fiesta en Galicia?" Pues porque, casualidades de la vida (o el destino, repito) quisieron que yo estuviese a su lado en ese momento. "Oh, Dios, ¿cómo voy ahora a corregir mi libro?" "Yo, si me dejas, quieres y te fías, puedo ayudarte". Y esa persona me dejó, quiso y se fió de dejar su manuscrito en mis manos. A mí y sólo a mí. Yo, la primera en leer su novela.
Es cierto que ya me lo había prometido una vez, pero se "saltó" un escalón y me dejó con las ganas y, sin embargo, casualidades de la vida (o el destino) quisieron que poco después apareciese esta oportunidad. Y ahí estaba yo para aprovecharla. Que algo llegue a tus manos sabiendo que eres la primera que lo toca es algo que no se puede explicar. Y más cuando es un libro. Y más cuando es de mi Manzana. Porque sí, amigos, la persona tan especial que me dejó, quiso y confió en dejarme una parte de sí misma es Manza, mi Manza.
No pretendo hacer ninguna reseña del libro ni nada parecido. Y es que, aunque quisiese, tampoco sabría hacerlo. Ella es la que sabe de esas cosas, yo soy más de decir lo que se me pasa por la cabeza, y oye, no suele salir del todo mal, ¿no? Tampoco os voy a decir cómo se llama el libro, porque ni siquiera sé si es "legal" haberlo leído antes que el resto del mundo.
Sólo diré que mi Manza lo ha vuelto a hacer. Mi manzana y su pluma han logrado lo que nadie más ha conseguido en mi persona con una lectura. Ha conseguido, por segunda vez, que me emocione tanto con un libro que mientras haya leído las últimas cincuenta páginas no haya parado de llorar. Y digo por segunda vez porque sólo hubo una primera, y también fue con otra de sus novelas. La primera.
Y no, no me he emocionado por la historia en sí, sino por todo lo que engloba. No sólo el amor, sino la amistad, la facilidad que tiene para abrirse a los demás y contar todo lo que lleva dentro. Quizás muchos la leeréis y os gustará, pero todos los que la conocemos sabemos que hay mucho de ella (muchísimo, qué coño) en este libro. Quizás muchos, cuando sea una prestigiosa escritora de éxito, os gusten sus novelas, pero pocos conoceréis a la persona que está detrás. Y yo siempre podré decir que fui la primera en leer una de ellas, aunque sólo haya sido por esta vez, pero con eso me quedo y te doy las gracias por ello.
Y ya está. Ya me callo, porque no soy ninguna cursi, y lo sabéis. Sólo soy una llorona que está enormemente emocionada y orgullosa del talento de su Manza.
P.D.: Espero que te gusten estas palabras, porque son mi regalo para ti. La primera en leer tu obra y la primera en decirte, una vez más, que eres increíblemente buena en lo que haces. Gracias.
...Y no, no estoy escribiendo esto porque haya leído los agradecimientos. Es con lo único que me has dejado respetar los tiempos. Te quiero.
lunes, 24 de junio de 2013
Yo, movedora de masas profesional
Resulta que tengo fans. Yo, Alba para los conocidos y Albuli
para los amigos, tengo fans. Y esa es la razón por la que he vuelto a éste, mi
querido blog donde escribo toda la serie de excéntricas a la par que
catastróficas anécdotas que me pasan a lo largo de la vida. Fans, fans, fans.
Pero no de esos que ya te conocen, véase primos, amigos y demás personas que ya
sabían de tu existencia y de todas las cosas que te ocurren por el simple hecho
de estar en este mundo y que te pedían que siguieras contando todo aquello que
sucediese a tu alrededor. No. Hablo de fans auténticos, de esos que te
escriben, aun sin conocerte, para decirte lo mucho que les gusta tu manera de expresarte.
Yo, movedora de masas profesional. Yo, con fans. Quién me lo
iba a decir. No uno, ni dos, queridos, sino tres. Tres fans. Pensaréis que es
poco, pero para alguien a quien apenas conocen más allá de la esquina de su
portal, no está mal. Tres personas que me han encontrado por internet y han
pensado que yo puedo sacarles una sonrisa. Gracias a todos aquellos que son
felices a costa de mis desgracias. Lo digo en serio, eh. Gracias por avisarme
de que mi patética vida os es útil a algunos de vosotros. Si mi pesar es
vuestra alegría, mi pesar se convierte en alegría también. Qué poética me he
levantado esta mañana.
Bueno, que resumo, que me estoy poniendo filosófica y ése no
es para nada mi estilo. Resulta que me había venido ayer a mi retiro espiritual
para desconectar del trabajo, internet y todo aparato electrónico viviente
cuando recibo una alarma del Apalabrados. Sí, ese juego que tanto odiaba, me
enganchó, hizo que dejase de tener vida propia, me desintoxiqué y del cual
pasaba olímpicamente. Hasta ahora. Mi fan número tres me encontró por el
dichoso jueguecito. Me dijo cosas increíblemente subidoras de moral, que, por
cierto, no creo que merezca, pero gracias. Una persona que ni tan siquiera
conoce a este Rubia Neurótica que suscribe y que ha conseguido que, en apenas
unas horas, volviera a coger el teclado y me pusiera manos a la obra. Creedme
que eso es mucho, teniendo en cuenta que mi cabecita llevaba meses diciéndome
“escribe, escribe” y al final siempre conseguía cualquier otro entretenimiento
para no acabar aquí sentada, dejándome la vista.
El caso es que comenzamos a hablar y la partida quedó en
nada, pero oye, me devolvió las ganas que tenía por escribir en este blog. Y
aquí ando ahora, en el que se suponía que iba a ser mi fin de semana de retiro
sin ningún tipo de aparato que llevase cables, agarrada al ordenador portátil y
con el internet del iPhone enganchado, del cual, por cierto, he acabado con 53
megas menos en apenas 15 minutos. ¡Maldita tecnología!
Pues eso, este post no es nada del otro mundo, sabéis que
podría extenderme hasta límites insospechados, pero es que, aparte de que no me
apetece, me ha pillado la inspiración trabajando y tengo que ponerme ya (pero
ya) con el proyecto que tengo ahora entre manos. Y sí, me refiero a esa novela
que tantos fans (hasta ahora, sólo los que me conocían) me llevabais pidiendo.
Por ahora sólo es un documento en Word de apenas doce hojas, pero con el que
espero coronarme (por fin) como mujer de éxito en general y escritora patética
en particular. Una novela al más estilo Rubia Neurótica, un show, vamos. No será
literatura a lo Punset, pero oye, Punset tampoco tiene la comicidad de mi
persona, ¿no?
Hasta pronto, fans. A todos, aquellos que me conocen y a los
que no. Y otra cosa, gracias por no dejar de animarme a que siga escribiendo,
porque, aunque a veces se me olvide, esto es lo que me gusta, al fin y al cabo.
Clic.
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viernes, 11 de enero de 2013
2013: Declaración de intenciones
Querido 2013:
Te quiero. Te adoro. Te idolatro. Al contrario que a tu querido predecesor, ese que todo el mundo llama 2012 y que yo apodé como El Maldito, y al cual le deseaba que muriera y desapareciera de nuestras vidas en general -y de la mía en particular, a ti, sin embargo, te venero. Te venero, porque tú, mi soñado 2013, eres mi año. 365 días que pienso exprimir al máximo y en el que se van a cumplir todas mis expectativas. Quizás suene demasiado optimista, pero es así. Lo sé, estoy segura: te quiero.
No quiero que estos objetivos halagüeños y felices, que me nublan ahora mismo el pensamiento, caigan en saco roto o vuelen cual jilguerillos, así que yo, Alba P. Corpas, dejo escrita mi Declaración de Intenciones, en forma de contrato, en la que, si alguna vez se me olvidara que eres mío, mi año, pueda recordarlo cuando la lea.
Comienza la transcripción del siguiente contrato, en el que las dos partes, 2013 y Alba P. Corpas, firman un acuerdo de mutualidad, en el que ambos contratantes se comprometen a ayudar al otro a la consecución de sus fines. Por ello, y a convenir entre ambos, comienza la Declaración de Intenciones:
Declaración de Intenciones para los próximos 365 días de mi existencia - Alba P. Corpas:
- Prometo trabajar en lo que me gusta. No pienso conformarme con cualquier cosa o, peor aún, quedarme en casa esperando a que llegue esa llamada de empleo disfrazada de valiente príncipe montado en su noble corcel diciéndome: "Ey, Alba, ese trabajo que tanto esperabas y añorabas a partes iguales, lo tengo. Y es tuyo". Seré muy fantasiosa, sí, pero la realidad de la situación me inunda. Y como soy demasiado culo inquieto para esperar esa situación utópica totally, yo, Alba P. Corpas, lo encontraré por mi cuenta. No necesito a nadie más, sólo yo, yo misma y mis ganas de triunfar.
- Prometo reírme de los hombres. Quizás me piense el punto de "reirme con ellos", pero, de momento, dejémoslo en un "de". En el punto 1 de este contrato hablo de mi éxito profesional. Lo sé, seré una mujer de éxito, y vosotros, capullitos de alelí que habéis pasado por mi vida -y no para quedaros-, lo vais a ver. Siento, queridos míos, que no estéis a mi lado para disfrutarlo conmigo. Jodeos. Seré una mujer de éxito. (Suena de lo más pedante, es así, pero es la verdad, si no me lo digo yo, ¿quién?) Me sé de más de uno que pensaba algo así como: "Estás demasiado loca, demasiada imaginación, demasiada fantasía. Un poquito de por favor y pon los pies en el suelo". No, gracias, mi imaginación y mis ganas me van a llevar más lejos de lo que nunca hubiera soñado y todo será gracias a mi esfuerzo, no al tuyo.
- Prometo cuidar de los míos y mis amigos, mi segunda familia. Este punto siempre he intentado tenerlo en consideración, pero es cierto que, a veces, se me olvida que únicamente me quieren y sólo miran por mi bien. A todos, os prometo que trataré de ser mejor persona y que vosotros lo veáis a mi lado. Que todo lo que consiga, lo celebréis conmigo, porque vosotros sí formáis parte de mi futuro éxito, de lo que seré. A todos, familia y amigos, gracias. Gracias por quererme tanto y decirme todo lo bueno que tengo y lo no tan bueno, que bien falta me hace. No os defraudaré.
- Prometo acabar todo lo que empiece. No suelo ser de esas personas que dejan a medias aquello que comienzan con ilusión, pero bien es cierto que muchas veces voy desinflándome por múltiples motivos. Por ello, juro que acabaré todo lo que me proponga, incluidos temas laborales, personales, gimnasiles y estudiantiles.
- Prometo ser FELIZ. Pero feliz no de estos pequeños momentos en los que piensas "¿Ves? No me va tan mal". No, me refiero a una felicidad completa, de esas que te invaden todo el cuerpo y te obliga a sonreír cada día. Prometo que, si alguna vez se me olvida este último punto, y el más importante de todos, lo recordaré al levantarme cada mañana. Será mi mantra para lo que después me aguarde el resto de la jornada: "Alba, eres feliz. Alba, eres feliz".
Por su parte, el benefactor del contrato, 2013, se compromete a:
- Hacer feliz a la beneficiaria, intentando, al menos, darle algún atisbo de pensamiento positivo que la haga sonreír, mínimo, 5 veces al día.
- Hacer que luzca el Sol todo el año o, en su defecto, que los días de nubes y frío la beneficiaria tenga compañía con quien pueda disfrutar de esos momentos oscuros.
- Por último, no poner trabas a dicha beneficiaria en su camino de búsqueda de la felicidad. Conseguir en todo momento que la beneficiaria obtenga todo lo que necesite para la resolución de la misma. Véase en este apartado personas y amigos que le den ese empujoncito cuando esté de bajoncillo o vea gris (que nunca negro) los objetivos que se había propuesto al principio de este contrato.
A la espera de los beneficios que reporte dicho acuerdo contractual.
Madrid, 1 de Enero de 2013.
Los abajo firmantes,
2013 Alba P. Corpas
El benefactor La beneficiaria
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lunes, 24 de diciembre de 2012
Juguetes de ayer y hoy
"¿Cómo están ustedeeeeeeeeeeeeees?" ¿A qué todos sabéis a qué carismático, entrañable y querido personaje estoy haciendo alusión? Miliki, estaba claro, ¿no? ¡Pues no! Porque existe una generación de niños mutantes tecnológicamente hablando que jamás sabrán quiénes eran Los payasos de la tele, lo que era bajar a la calle para jugar al fútbol con chapas y tampoco conocerán el maravilloso y gordo libro de Petete, ese gran ¿pollo/pato? que lo sabía 'to'. Pero to, eh, tú tenías cualquier duda y tu madre te decía: "Pregúntale a Petete, en él hallarás la respuesta" (sólo faltaba que culminase la frase con un "sigue al maestro, pequeño Padowan").
Y es que es así, amigos, nuestros sobrinos, hijos (míos no, gracias) y demás especímenes de menos de 12 años jamás conocerán lo que son los juguetes de verdad. Y cuando digo "de verdad" me refiero a esos que nos hacían restregarnos por el suelo, saltar hasta que nos explotase el corazón y tuviésemos las mejillas al rojo vivo y los que nos daban pequeñas descargas cuales cirujanos expertos en la materia. Parece que hablase como nuestros abuelos, pero, en serio, han cambiado mucho las cosas desde que la tecnología entró en nuestras vidas y decidió quedarse.
¿Qué se piden los niños de hoy en día? Su carta a los Reyes Magos, Papá Noël y todo ser que diga de traerles regalos en Navidad está llena únicamente de chismes con botones y cables y más cables (bueno, ahora no, que con este del Wifi y el bluetooth y todas estas tecnologías varias, no hacen faltan ni cables). Ahora, la carta de un niño quedaría tal que así: PS3, WII U, XBox, Wall of Craft, Grand Theft Auto... No entendéis nada, ¿a que no? Yo tampoco. Cuando tenga un hijo, le diré que me escriba la carta y con ella tendré que ir a una juguetería y decirles: "Quiero esto y no me haga leerlo, porque yo sólo hablo castellano. Gracias".
Pero es que las niñas no se quedan atrás, no. Dónde habrán quedado esas colecciones de Barbies, Nancys, Nenucos, Barriguitas y PiniPones que todas teníamos. Cada muñeca más bonita que la anterior. Sus melenazas rubias y brillantes, sus vestidos de princesas, sus sonrisas Profident... Pues no, amigos, ahora las niñas de hoy están en otra onda. Una onda más moderna, o eso dicen, porque a mí que me expliquen qué tienen de bonito unas muñecas que son zombies. Sí, queridos, zombies, con cicatrices en la cara, la piel verde putrefacta y la ropa rota. Yo intento ser empática y llegar a entender la belleza de tales muñecos, pero belleza, lo que se dice belleza, no se la encuentro por ninguna parte. A nosotras nos regalaban la peluquería de la Barbie y cogíamos a esa muñeca de piernas largas, la sentábamos ante el tocador y le hacíamos más moños que a Yurena en Sálvame (guiño, guiño). Sin embargo, eso ya debe ser cosa de abuelas pochas, porque, en la actualidad, lo que se lleva es tener 7 años y pedirse un iPad con un juego con el que cortar y destrozar la cabellera de una linda muñequita. Como lo oís, ¿cómo va a ser igual peinar a la Barbie de forma real a tocar una pantalla fría y mover los dedos a modo de tijera para cortarle las puntas? Nada, que no me entra, lo mire por donde lo mire...
Por eso, en la noche en que el primero de los regaladores navideños llega a nuestras casas, he decidido volver a escribir la carta que yo siempre hubiese querido que los niños de hoy en día escribiesen y así vieran, de verdad, que no todo es sentarse en el sofá y quedarse bizcos con tanto mandito delante de la tele. Mi carta (y la de muchos de vosotros seguro que también) sería tal que así:
- Barbie Doctora y su clínica veterinaria: muñeca preciosa donde las haya, con sus miles de accesorios, imprescindibles todos ellos. Me pido a la Doctora, pero si, por algún casual, consideraseis que he sido muy, muy, muy buena, me pido también su coche descapotable, la mansión y la carroza (con Ken incluido).
- Un balón de fútbol: para saber lo que es salir a correr con una pelota entre los pies, caerte, desollarte las rodillas y que tu madre te grite por la venta: ¡¡Alba!! ¿¿Qué haces?? ¡¡Sube pa' casa ahora mismo que te limpie esa herida, que se te va a infectar!!
- Juego Operación: sí, amigos, siempre me quedé con las ganas de tener ese gran juego, en el que te convertías en un cirujano de prestigio y debías sacarle al paciente todas las cosas malas que tenía dentro de su cuerpo: desde gafas en el estómago hasta huesos de perro en el hígado. Muy raro todo, sí, pero molaba. Me lo pedí durante todos mis años de infancia y nunca llegó. En vez de ese, mis queridos Reyes Mayos decidieron un año "echarme" un juego interactivo llamado Quique Tembleque, un ciempiés que sostenía bolas y sólo funcionaba si te reías a carcajadas. Imaginaos a los 5 minutos de forzar unas carcajadas que no salían por sí solas. Nada, éste no os los recomiendo.
- Un libro: pero un libro físico, nada de eBook, para acostarme por las noches y leer con la lamparita mientras mi madre grite: ¡¡Alba!! ¡¡Apaga ya la luz, que mañana hay cole y no habrá persona humana que te levante!!"
Pediría muchas cosas más, pero no soy avariciosa y sé que los Reyes Magos este año andan algo hasta el cuello con esta jodida crisis. Ya veis, amigos, hasta la mismísima sangre real se ve empañada por estos momentos crisiles... Desde aquí, y con este pequeño guiño nostálgico a nuestra infancia, os quiero desear UNA MUY FELIZ NAVIDAD PARA TODOS Y CADA UNO DE VOSOTROS que, aun faltando siempre personas importantes en nuestras vidas, nos merecemos pasar unas fiestas en paz, divertidas y disfrutando de los más peques de la casa, que, aunque se pidan tantas maquinitas, qué le vamos a hacer, los tiempos cambian, pero recordad, habladles como nos hablaron a nosotros: "Yo, cuando era pequeño, no existían esas cosas y nos divertíamos igual... bla bla bla..." Ahora les entendemos, ¿verdad?
Sed felices,
Alba.
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sábado, 15 de diciembre de 2012
Cuando Apalabrados domina tu vida
Me cago en el Apalabrados, en quien ha conseguido viciarme y, en primera instancia -y a quien, con motivos, echo la culpa de todo- en quién cojones lo inventase. Dichoso jueguecito que te quita horas de estudio, de sueño ¡y de vida! Creo que he perdido, por lo menos, tres días de mi lilfe sólo mirando a la pantalla del iPhone intentando colocar esa puta "X" en una casilla de triple puntuación.
Bueno, hablo del Apalabrados dando por hecho de que todos sois conocedores de esa cabronada de juego. Todos menos yo, que, cómo no, lo conocí más tarde que el resto de personas humanas (qué queréis, soy rubia. Juas, yo, que soy la primera que abogo por la inteligencia de las rubias y mira, metiéndome ahora con el género. En fin).
Si por algún casual no vivís en este planeta o no ha llegado a vuestras manos un Smartphone de ultimísima generación, os diré que es un juego simple, pero complicado, si la suerte no está de vuestra parte (y de la mía no está nunca jamás de los jamases). Todos los juegos de mesa de nuestra querida infancia se han subido al carro tecnológico y han decidido hacer su versión 'móvil', y claro, éste no iba a ser menos. Para aquellos que se quedaron nadando allá por la Posguerra, os diré que se trata del clásico Scrabble. Y si ya eres más antiguo que el Renault 21 de mi padre (que ya tiene más de 20 años y ahí sigue, dando guerra) podéis llamarlo también Intelect, que así es como lo llama mi madre (tan poco moderna ella).
Es una tontería y una genialidad en sí mismo. Tan sólo se trata de ir colocando letras y formando palabras, encadenándolas a la vez con otras. Ya está, esa es toda su explicación. Pero no, no se nos cuenta la letra pequeña o, al menos, a mí me engañaron vilmente. Te dicen que es muy sencillo y ¡ale! clavada por detrás, ven que eres una presa fácil y van a cuchillo, porque yo, amigos, mujer de letras puras y duras, debo confesar que soy una pésima jugadora. Paupérrima. De lo malo, lo peor y de lo peor, lo inaguantable. En serio, si estáis con la moral por los suelos, de esos bajones que nos entran a todos porque nos hemos tenido que abrochar el cinturón en un agujero más o porque te haya salido un grano de esos de nivel +150, tranquilos, podréis echar conmigo una partidita y ver que siempre hay alguien peor que vosotros: la Rubia Neurótica que suscribe.
Sí, lo admito, he caído rendida a sus pies hace escasos días, pero no porque no lo intentase antes. Ya lo probé un par de veces, no os creáis. Y las dos veces por lo mismo. Por lo de siempre. Los hombres (¡malditos!). Sí, intentaron que entrase en esa vorágine de partidas jueguiles donde, por el simple hecho de conocer a esa persona, es más gratificante aplastarla como un garbancito cocido. Pero no lo consiguieron. Me aburría (del juego. Bueno, y así, en petit comité, de ellos también).
El caso es que no pensaba que hubiera una tercera oportunidad a eso que yo denominaba "truñaco de juego, que os tiene a todos absorbida la mollera". Pues sí, no hay dos sin tres (tan refranera mi persona). Y ese momento llegó en una celebración familiar. Si tenéis tantos familiares como yo, que parecemos una boda gitana cada vez que nos juntamos (por el número de asistentes, ¿eh? No os vayáis a pensar que nos ponemos a cantar eso de "He venido a tu casamiento para partirme la camisa" Vaya muerte), eso, que me entenderéis. Que si uno empieza a hablar de que le encanta el Apalabrados, de que al otro también, de que apúntate, Alba, y nos echamos unas partidas... Y claro, cómo le vas a decir que no a tu tía Cecilia (que has escuchado que tu prima Virgi le gana siempre, porque es una pathetic player). Ahí piensas, bueno, al menos, a ella seguro que le gano. Y dices "venga, vale, voy a intentarlo". Craso error, Alba, craso error.
Comienzas jugando con tu familia (que sobra decir que, por supuesto, me han ganado en todas y cada una de las partidas, menos mi tía Cecilia, que conseguí meterle la dichosa X en el último momento y gané cual victoria espartana) y acabas ludópata perdida por jugar con quien sea, hasta con desconocidos. Ahí es cuando ya se te puede considerar un desesperado del Apalabrados. Optas por "contrincante aleatorio" y ale, una detrás de otra. Y si no te contesta el susodicho enemigo no conocido, empiezas otra. Y otra. Y otra. Hasta que te encuentras con 34 partidas abiertas a la vez (de las que pierdes 32). Muy triste todo.
Pero, además, si aún no os he convencido de lo genial de este juego (aunque lo odie profundamente) es que no sólo de ludopatía vive el hombre. Apalabrados sirve, además de para meter fichas al tablero, para metérselas al oponente. Sí, sí, han intentado entrarme por el chat del jueguecito más de una y más de dos veces. "Tienes los ojos tan azules como los lagos de Suiza" (verídico). Hay gente pa to, lo sé. Me dio ganas de decirle "chato, no me seas daltónico, que son verdes, y sigue con el jueguecito, que yo no he venido aquí para hacer amigos". Pero vamos, que eso, que si os mola ligar, que también podríais. Qué grande es este puto pasatiempo.
Lo mejor de todo (bueno, lo peor, creo) es que el dichoso jueguecito no sólo consigue enganchar y dejar sin vida a aquellos que estamos jodidamente viciados, sino que a los que no lo conocen, también. Y pensaréis, bueno, a ésta se le ha pirado la almendra ya del todo. Pues no, queridos, mi querida y santa madre, esa amada progenitora de mi persona que me dice que salgo bizca en la fotografía de mi currículum, también ha sucumbido al Apalabrados. Sin catarlo, señores. Qué guay es my mother, ¿eh? Para que os hagáis una idea: está como loca por hacerse con un Smartphone (ambos padres míos aún andan con antiguallas Nokia's del tipo 'ladrillo que no cabe ni en un Brikin' (un Birkin es un bolso XXL de Hermès, incultos) ¡para jugar al puto juego! Tanto es así que el otro día nos llamaron de Orange para ofrecernos el oro y el moro y va ese amor de persona que me dio la vida y le dice: "Yo lo único que quiero es un móvil de esos con el que pueda jugar al Apalabrados". Olé tú, mamá. Olé tú.
Y nada, ya sólo deciros que, si aún no conocéis la jodida aplicación, ¡sed listos! ¡No os la descarguéis! ¡La ignorancia es la felicidad! Si no, cuando menos lo esperéis y sea un martes a las 2:30 de la mañana, se os joderá la conexión a Internet en casa y os veréis llamando al Servicio Técnico de la compañía cual drogadicto con síndrome de abstinencia. Sí, como os imaginabais, me ha pasado. Qué dura es la vida del drogodependiente apalabril.
P.D.: Odio este juego por la vida que me está absorbiendo por momentos, pero bueno, que sepáis que tengo como nik 'Corpisela', por si algún alma perdida como mi persona decide echarse un vicio con esta paupérrima jugadora y subir así su moral. Pero lo odio, eh, de verdad. Clic.
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